08 abr 2012

Cómo castigar a los niños de forma educativa

Estudios Sin Comentarios

Imagen CC: El niño de la bolsa | Libertinus

Actualmente nos llegan numerosas corrientes de psicología infantil que defienden las sanciones con firmeza pero sin violencia física o verbal para educar a nuestros hijos. Lejos quedan ya los azotes que nos daban nuestros padres hace tan solo una o dos generaciones. Está demostrado que con un azote o un grito estamos ofreciendo a nuestros hijos un modelo de conducta agresiva que en un futuro tenderán a imitar.

Siguiendo estas premisas, desde el Centro de Terapia Familiar ofrecemos una serie de consejos para enfrentarnos a estas situaciones:

  • El castigo debe ser racional y moderado, ya que habrá que cumplirlo. No dejarnos llevar por nuestro estado de ánimo alterado a la hora de decidir la magnitud de la sanción. Hay que enseñar al niño que los actos tienen consecuencias, tanto los positivos como los negativos.
  • Imponerlo de forma serena sin gritos y nervios, para dar ejemplo de buena conducta.
  • Dejar ver que le seguimos queriendo igual aunque no nos guste el comportamiento que ha tenido. Se ha portado mal, pero es un niño bueno. No ponerle etiquetas negativas.
  • El castigo debe ir acompañado siempre por una explicación de cuál habría sido la actuación correcta. Por ejemplo, en vez de subirse a una silla para coger algo, debería habérselo pedido a su madre. A veces no sabe por qué ha actuado mal.
  • No abusar de los castigos porque si se convierten en habituales, dejan de ser eficaces. Hay que imponer un número no muy elevado de límites, priorizar.
  • Evitar las amenazas si no se van a cumplir. Esto resta credibilidad a los padres o tutores.
  • Imponer el castigo de forma inmediata, para que el niño relacione bien el porqué de esa consecuencia.
  • El castigo debe ser corto. El niño debe tener  pronto la oportunidad de demostrar que ha aprendido la lección.

Además del castigo físico, debemos evitar algunas actuaciones como humillarle, compararle con otros niños o privarle de la comida o la cena como sanción.

No hay que olvidar reforzar sus conductas positivas tras el castigo. Debemos insistir más en el elogio y la atención a sus comportamientos positivos que a las malas conductas. Obtendremos mucho mejores resultados si prestamos atención al niño cuando se porte bien y le ignoramos cuando no lo haga. Para ello, debemos trabajar en nuestro propio autocontrol ya que para controlar a nuestros hijos, primero debemos controlarnos a nosotros mismos.

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